La niñez


                                                                                                                             Por María del Pilar Badillo Virués

En esta ocasión trataré un tema de predilección por mí y que considero de vital importancia para la vida misma: ¡La niñez!


Qué bien es disfrutar la vida con alma de niño. Regularmente conforme vamos creciendo perdemos cierta habilidad para ver el lado positivo de las cosas que son difíciles o no tan agradables. En la niñez todo es diferente, somos unas esponjitas que reciben y aprenden lo que vemos, escuchamos y sentimos a nuestro alrededor; siendo un arma de doble filo: si lo que enseñamos no trasmite valores esenciales y el ambiente no es el adecuado, nuestros niños no podrán crecer con un buen desarrollo personal. Sin embargo, si desde pequeños se les transmite el amor a la vida, las cosas cambian de una manera positiva. Amar la vida lo resumiré en dos puntos esenciales: respeto propio, al prójimo, al ambiente y felicidad con quienes somos y con lo que hacemos. ¿Ustedes aman su vida?


No solo somos precursores de las nuevas generaciones, también somos aprendices. En particular siempre he sentido un cariño inmenso y admiración por los más pequeños, siendo chicos de edad, pero no de pensamiento. Resulta sorprendente cuánto nos enseñan. Debemos tener humildad y admitir que otras personitas con menos experiencia pueden mostrarnos una nueva visión de las cosas y que podemos aprender de ello. Exhorto a todos los que me leen a que se tomen el tiempo de platicar y observar a un pequeño; su curiosidad, su manera de darte a entender lo que pasa por su cabeza, es invaluable. 


Al desarrollar diversas actividades en las Asociaciones Civiles donde participo, obtengo mis únicas y mejores pagas al colaborar con niños: verlos sonreír. En unidad alcemos la vos de los que también merecen ser escuchados, incluyámoslos y nuestras semillitas crecerán.

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