El papel que juega la mujer y el hombre en relación con la equidad




"Una mujer tiene derechos,
una mujer sabe luchar,
pero si no los aprovecha; ¿Para qué los tendrá?"
María del Pilar Badillo Virués



En esta ocasión quiero tratar uno de mis temas predilectos, el cual ha tenido un desarrollo particular a lo largo del tiempo, no dejando atrás la importancia que guarda en nuestra sociedad: el papel que juega la mujer y el hombre en relación con la equidad.

Desde mi punto de vista, actualmente las personas se han vuelto más apáticas en temas clave. Se ha perdido el tacto hacia los valores que deberíamos cumplir como sociedad, la lógica sobre el porqué estamos aquí y hacia dónde debemos dirigirnos. Pareciera que la preocupación y la satisfacción individual giran en torno a juzgar y no aportar. No necesitamos más de esa actitud; es imprescindible tener conciencia propia y colectiva que nos lleve a la realización de cambios objetivos para establecer una sociedad incluyente, donde la organización prevalezca.

Por una parte, hablar de la mujer causa controversia. Algunos se sitúan dentro de diversas posturas: alzar la voz en busca de derechos, otros apoyan la idea de igualdad y hay quienes solo ven cómo pelean unos con otros. Sin embargo, lo que menos necesitamos son más diferencias entre nosotros. Necesitamos una erradicación de estos grupos y la creación de un solo frente que luche por el respeto. Sin necesidad de un análisis profundo, podemos percatarnos del valor que la equidad toma en nuestros días y cuál debería ser su correcto papel. Cómo el respeto debe resurgir como motor primordial.

Desde nuestra infancia se nos han impuesto estereotipos de género que han marcado la manera de relacionarnos con los demás, es realmente grave que ellos persistan aún en nuestra juventud e incluso se vean presentes en la edad adulta: “los hombres no lloran”, “prepárate para ser una buena ama de casa”, “golpeas como una niña”, “atiende a tu papá (o hermano), tú eres mujer”, “lo mejor es ir de flor en flor”, “no te pongas ese vestido tan corto”, “ese cóctel es de nena”, “no viajes sola”, “enséñale quién manda”, “es tu esposo, debes aguantarlo”, “¿vas a dejar que tu hijo vaya a clases de baile?”, “tú lo provocaste”, “sé un hombre”, “no dejes salir a tu hija”, “no sabes lo que es ser mujer si tienes a tu hijo(a) por cesárea”, “¿cómo que solo tendrás un hijo?”.
¿Nos son familiares estas expresiones?

Lo peor del caso es que estos se han ido heredando de generación en generación por los padres. La madre tiene el poder de crear a un hijo sobreprotegido y machista, que no hace nada porque es hombre; el padre que en su juventud fue un canalla pretende conservar intocable a su hija, pues no le gustaría que golpearan, humillarán o abusaran de ella, aunque él lo haya hecho en alguna ocasión con alguna mujer. ¿Qué estamos pensando entonces? Tratar a los demás como nos gustaría ser tratados debería convertirse en el principio de la sana convivencia.

En un país de tradición machista, como México, ha sido difícil quitar la venda de los ojos a hombres y mujeres para hacerlos entender la importancia que ambos tienen. Aún debemos trabajar para que ningún distintivo nos separe y el respeto nos una.

A las mujeres las exhorto a saber el valor que poseen como seres humanos, porque sinceramente existe un gran porcentaje de mujeres que no se atreve a alzar la voz por miedo. A los hombres, a enseñarse a respetar y a unirse también para la promoción y validez de sus derechos, que no solo se dediquen a criticar frentes femeninos, sino que trabajen con el ejemplo para mostrar de una manera positiva y sin violencia su unión.

El 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer. ¿Para qué sirven los días internacionales? “Para sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes”. (Organización Internacional de las Naciones Unidas).

No se trata de engrandecer banalmente ese día a la mujer para olvidarla después, o ser apáticos y verlo como un día más. Se trata de un imprescindible momento para reflexionar dónde estamos situadas y hacia dónde nos dirigimos, para pensar en la vida diaria y lo que significa nuestro papel. También los hombres deberían participar en tal reflexión para lograr una sociedad mejor organizada. Promovamos la tolerancia, escuchemos sin juzgar; aprendamos de todos, trabajemos en unidad y entonces los cambios serán mayores.

Mis medios de contacto son Pilar Badillo Virués en Facebook y @pily_virues en Twitter. Nos leemos pronto. Un placer escribir Argumentum para ustedes.

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