EN LO PERSONAL Y EN LO PROFESIONAL: JORGE VÁZQUEZ



Por María del Pilar Badillo Virués

Parte 1/2



Nuestra nueva sección es relacionada a los grandes y talentosos personajes que influyen y transforman nuestra vida. El objetivo de esta es darles a los demás una visión más profunda acerca, de cómo dice el título, la persona y el profesionista que son.

Jorge Vázquez es director artístico de la Orquesta de Cámara de Miami, Orquesta Filarmonía de Xalapa (México) y The Project Chamber Orchestra en Rochester (Nueva York). Además, miembro del jurado en el “New Starts International Music Competition”.
Filarmonía nos ha dado momentos únicos. Con sus diversas presentaciones en Coatepec y Xalapa hemos vivido la pasión y el talento en la música.
Jorge con su amabilidad, su sonrisa y calidad de persona, nos brindó un poco de él para ARGUMENTUM. Sigan la continuación de toda la entrevista.

PB: ¿Cuál es tu nombre completo y cuántos años tienes?
JV: Jorge Vázquez Melgarejo, tengo 28 años.

PB: Siendo oriundo de Xalapa, ¿qué es para ti ser veracruzano y xalapeño?
JV: Es muy especial, en muchos sentidos. Primero porque me encanta la cultura, la comida, la gente. Es un estado muy rico en muchas formas, pero como músico es muy especial para mí ser de Xalapa, porque creo que si hubiese nacido en otra ciudad del país no sería músico. Xalapa, la Atenas Veracruzana, gracias a tantas generaciones de artistas se ha creado una inercia muy fuerte de trabajo a diario. O sea, la cartelera de Xalapa es famosa en todo el país. Fue muy especial porque gracias a que nací en Xalapa fue que tuve el contacto directo con la música clásica a través de la Sinfónica de Xalapa.

PB: Cuéntanos acerca del niño Jorge Vázquez.
JV: A mí me encantaba jugar fútbol, me encantaba salir del edificio. Vivía en el centro de Xalapa, en el barrio de Xallitic. Salía todas las tardes a jugar en la plazoleta con mis amigos del mercado, del barrio y demás. Me encantaba pasar toda la tarde ahí jugando, tengo amigos que hasta la fecha estamos en contacto. Tuve una infancia muy bonita y creo que también esa Xalapa de aquél entonces era muy diferente. Y qué más… Y bueno, me metieron a la música porque no querían que nada mas estuviera en la calle todo el día y no quería primero (ríe), me llevaron a probar clases de muchas cosas hasta que al final por azares del destino fue que entre al CIMI –Centro de Iniciación Musical Infantil-, me quedé por un hobby y al final mira…

PB: ¿Cómo disfrutabas y te divertías en tu niñez?
JV: Leer me gustaba mucho, mi mamá se sentaba conmigo a leerme libros o cuentos todos los días. Leer ha sido algo que siempre estoy haciendo y que siempre he echo. Me gustaba jugar mucho con mi hermana, para mí mi hermana es una persona muy especial dentro de mi vida. En realidad no me acuerdo de mi vida antes de la música, a veces siento que no tuve vida antes de la música. Empecé un poco tarde quizá, a los nueve años, pero tengo muy presente. Para mí fue un evento muy grande empezar a ir a clases de música y demás.

PB: ¿A qué edad tu gusto por la música comenzó?
JV: Nos llevaban cada viernes a los seis años y odiaba ir a los conciertos, no me gustaba. Me acuerdo que me quedaba dormido en las sinfonías y despertaba y seguían tocando, me dormía y volvía, después aplaudían; mi mamá me dice que yo le preguntaba el por qué aplaudían así (hace movimiento con las manos) y me respondía que era cuando querían otra, yo decía “ay, no. Ya no quiero”.
¿Cuando empezó el verdadero gusto por la música? Cuando empecé a estudiar música tampoco, porque en realidad lo que pasa es que ya no puedes salir a jugar, hay que estudiar. Mi gusto verdadero por la música comenzó cuando tenía quince años. Fue todo un suceso, ya estaba en la Facultad de música y de repente me di cuenta de lo vital que era para mí tener la música en mi vida y fue a partir de ahí que empecé a trabajar demasiado en ella.

PB: ¿Tus padres influyeron o cómo fue su apoyo?
JV: En la casa mi abuelo y mi padre escuchaban música clásica todo el tiempo. Me llevaban a los conciertos, pero no te das cuenta en ese momento de la influencia que tienen. No creo tampoco que haya yo desarrollado, absolutamente, ninguna habilidad o ningún talento escuchando música clásica, pero sí estuvo interesante. Siempre procuraban no solamente llevarnos a conciertos, sino exposiciones, a museos, eso sí se preocuparon mucho por esa parte cultural. Hubo un apoyo en el aspecto de que nunca fue a la fuerza, nunca nos dijeron “van a ser músicos”, porque mi hermana también es músico. Me acuerdo que cuando estábamos en el CIMI nos decían “tienes que terminar porque no vas a estar toda la tarde ahí, ya si después quieres seguir es tu rollo”. En la Facultad siempre fue igual, “terminas el semestre y si después no quieres entrar no hay problema, es cuestión tuya”. Fue algo que a pesar de que lo empecé muy joven siempre fue porque quisimos hacerlo y se los agradezco mucho, hay mucha gente que sufre la presión al medio, nosotros no, en lo absoluto.

PB: ¿Cuál eran tu visión y objetivos al ser mayor? ¿Cómo te veías?
JV: Yo me veía siendo violinista, nunca me paso por la cabeza ser director. En algún momento llegué a pensar ser escritor o astrónomo, estaba muy clavado en eso de la astronomía y leía y leía libros y enciclopedias. Escribir también, me fascinaba la idea. Primero era así, pensaba en dedicarme en esas tres o cuatro cosas. Después me di cuenta que solo se podía hacer una y lo que si me veía era siendo violinista tocando música de cámara, eso era mi pasión; lo que me llevo a irme a Estados Unidos fue poder hacer una carrera como cuartetista.

PB: ¿Había algún género que te interesaba más para escribir?
JV: Todo, me gustaba escribir historias. Me acuerdo que a los trece - catorce años descubrí los poemas de García Lorca y Neruda, o sea, que los empecé ya a entender; también me encantaba Salvador Díaz Mirón, poeta igual veracruzano y me encantaba esa fuerza, esa maestría para usar las palabras y a veces según yo hacia también poemas y demás.



Ahora pasemos al Jorge Vázquez que ha ido creciendo y aprendiendo, que hoy es considerado uno de los directores líderes de su generación.

PB: ¿Quién ha sido tu figura a admirar en la vida y en el ámbito musical y por qué?
JV: Mi maestro de dirección, su nombre es Grzegorz Nowak, es polaco. Es director permanente asociado de The Royal Philharmonic en Londrés, ahorita está de titular en la Opera Nacional de Polonia y tiene otra orquesta en Madrid. Tuve la mega suerte de encontrármelo en mi vida, desde que él llegó a ella como músico me cambió todo el panorama, todas las aspiraciones y hasta los alcances que he tenido han sido gracias a él. Porque no es un mentor de los que te dicen qué hacer, es un mentor que te demuestra cómo se tiene que hacer y ese es el mejor profeta; porque la línea entre un charlatán y un profeta es muy delgada y no, él es verdaderamente un profeta. Todo, la ética de trabajo, la forma de interactuar con la orquesta, de llevar a cabo un proyecto, de lograr un resultado, de poder competir en el primer circuito y afuera. Eso me lo demuestra él.
He llegado a pensar que lo hace hasta de manera inconsciente, porque no se da cuenta del impacto tan grande que ha tenido en mi vida y yo estoy muy agradecido por eso.

PB: ¿Consideras que has enfrentado más facilidades o dificultades en el transcurso de tu vida musical?
JV: Más dificultades, veinte veces más dificultades. Comencé con más interés a la música cuando tenía quince años y el interés fue porque empiezas como niño, no te das cuenta, es como que la música es parte de tu rutina diaria porque vas a la escuela. Imagínate, vas a la secundaria de siete de la mañana a dos de la tarde y de tres a nueve de la noche vas a la facultad; tienes compañeros que solamente se dedican a ir a la facultad, tú tienes que hacer las dos y en casa mis papás no son músicos, obviamente fueron aprendiendo en el camino con nosotros y fue difícil entender lo que de verdad se necesitaba para ser músico, o sea, no fue algo natural, no fue tampoco algo rápido. Llegó el momento cuando tenía catorce- quince años, reprobé la materia de solfeo, que es una de las materias fuertes en la Facultad, tomé un examen, de esos que te dan como segunda/última oportunidad; me acuerdo que me preparé, pasé el examen pero el sinodal nos dijo que había varios que no habían pasado y los que habíamos pasado de todos modos nos iba a reprobar porque no íbamos a ser músicos. Me acuerdo que salí de allí y ya sabía yo que en ese momento, primero: no estaba ya en la escuela, que era una parte muy grande de mi vida y que ya no tenía eso que tenía, que era la música. Fue cuando me di cuenta, cuando se volvió tangible, cuando se volvió real. O sea, cuando no la tuve. Fue un golpe muy fuerte.

PB: ¿Nos puedes compartir alguna anécdota?
JV: Me acuerdo que en aquel entonces mi maestro de violín, cuando fui a verlo a su casa me dijo “mira, aquí tienes dos opciones, ¿tú quieres ser músico o no”, le respondí “sí, sí quiero ser músico” y me dijo “bueno, tienes de dos, es como un torero: o dejas que el toro te corneé o lo agarras por los cuernos, tú escoges. Nada más que, milagros en la Biblia, aquí hay que trabajar”. Me dije: quiero trabajar. Fue esa primera dificultad tangible, real. Obviamente el proceso de tocar el violín no fue fácil, ni natural. Quizá por lo mismo, a veces siento que estaba yo en muchas cosas, en lugar de haber estado enfocado a eso y no sabía… Pero siento que todo eso me ha llevado a ser lo que soy ahora, poder haber logrado dominar muchos obstáculos, tener que encontrar la forma de irlos evadiendo, de enseñarse a uno mismo a estar en el escenario, a no siempre estar arriba. Llegó el punto que cuando empecé a dirigir ya tenía una ética de trabajo, un aguante para trabajar bajo presión, para estar con muchos obstáculos. Los obstáculos que enfrenté como director también han sido muchos y ya no se sentía casi nada, porque llevaba ya casi ocho años trabajando como contra corriente, a veces hasta de uno mismo. Por todo eso son muchísimo más los obstáculos.
Te acostumbras a vivir fuera de tu zona de confort y cuando sabes vivir fuera de ella te vuelves adicto y si aprendes rápido a tomar tus errores como lecciones: eres imparable. No hay límite.

PB: Y como dicen “La zona de confort es muy bonita, pero nada crece ahí”.
JV: Definitivamente, el placer no es proporcional al daño que te haces como persona.

PB: Más cuando te dedicas a algo tan complejo como la música…
JV: Sí, es algo muy inestable. Siempre cambiante. Siempre hay cosas inesperadas, todo es acerca de la reacción que hagas en el momento. Es muy importante estar fuera de la zona de confort, siempre. Debes hacer eso tu “zona de confort”, sentirte cómodo sin estar cómodo.

PB: ¿Cómo describes al maestro Jorge Vázquez de la actualidad?
JV: (Ríe) Ay, no sé. ¿Cómo me veo? Diría que le falta mucho por aprender, mucho por lograr, muchísimo más por hacer, así lo veo. Con muchas ganas, con mucha fuerza, pero sí, todavía con mucho camino que recorrer.


PB: Pero tú también te das cuenta de todo lo que has logrado y aparte, me imagino, también te sientes satisfecho.
JV: Sí, me siento satisfecho de dónde vine y las circunstancias en las que llegué a la música y demás, que pueda yo trabajar y moverme en el circuito en el que me muevo: primer mundo. Es un logro y una cuestión de orgullo. Pero al mismo tiempo siempre estoy evitando sentirme así, porque en el momento en el que piensas que ya lo lograste empiezas a ser mediocre y para mí es muy importante evitar esa zona de confort. Yo lo veo, mi maestro tiene sesenta y cinco- sesenta y siete años y todavía estudia, a veces hasta más que yo. Cuando ves a un hombre que tiene tanta carrera, tanto estudiando, descubriendo y además es su motivo de vivir. Sí, sabes que tiene sesenta y tantos años, pero cuando lo ves dirigir tiene veinticinco, o sea, es como un  elixir de vida. Ese motivo por el cual despertarte todos los días, que no importa las horas, no importa los fines de semana, no importa nada. De verdad te da esa fuerza. Sí, me siento orgulloso de los logros que he tenido, pero como te digo, falta mucho más. Hay muchos pisos más que subir.

PB: ¿Ahora qué disfrutas hacer en tu tiempo libre?
JV: (Ríe) Cuando tengo tiempo libre…

PB: Sí, fue una cuestión difícil al formular la pregunta (reímos), pero bueno, dije, que él nos platique un poquito cómo es ese tiempo libre, cómo se lo va dando.
JV: No, casi no tengo tiempo libre. Pero bueno, para mí no es trabajo el trabajar. A mí me encanta. Si le preguntas al equipo de Filarmonía, siempre estoy pensando en el siguiente programa, en el siguiente solista, cómo podemos “venderlo” mejor, cómo podemos hacer un póster, cómo podemos cambiar. De repente te encuentras que empieza haber gente alrededor que te empieza a copiar los diseños, entonces estoy pensando cómo lo reinventamos, cómo lo hacemos diferente. Siempre. ¿Qué me gusta hacer cuando no tengo nada que hacer? (Ríe) Me encanta ir al cine sin planear, ir a decir ¿cuál es la próxima película? (carcajea) me ha tocado ver cada porquería, pero bueno. Me gusta viajar, me gusta hacer cosas sin planear. No me gusta hacerlo porque trabajo así, trabajo con el reloj: tal día tal vuelo, a tal hora tal cosa, a tal hora tal hotel, a tal hora tal concierto. Me gusta mucho venir a lugares así, como Coatepec, Xico. Salir a manejar. Con Jorge que es un amigo de Filarmonía hemos salido a tomar fotos, grabar videos, así nada mas, sin planear. Me gusta hacer eso en mi tiempo libre. Salir a platicar con alguien, un amigo, una amiga. Tomar un té, un café.
Y a veces estoy muy cansado, hay veces que por ejemplo: a veces viajo tanto, que para mí viajar no es irme de vacaciones. Hubo un año que tomé 42 aviones, los conté, de enero a diciembre. Ya en diciembre no quería viajar, quieres estar en tu casa, quieres dormir en tu misma cama y salir con alguien sin planear, hacer cosas espontáneas.

PB: Teniendo ciertos antecedentes tal vez podríamos enfocarte en algunos géneros musicales, pero en realidad, ¿qué es lo que escucha Jorge Vázquez en la vida diaria?
JV: A los del gas (lanza carcajada). Escucho mucha música clásica, casi todo el día, “podríamos poner esto podríamos hacer lo otro”, me encanta. Si no escucho música clásica (piensa), hay una solista que vino en noviembre que bajó a mi celular porque su Itunes no servía, bajó unas canciones del radio y a veces las escucho cuando estoy en el tráfico. ¿Qué escucho? Me gustan algunos tipos de Jazz, no todos, pero no, honestamente casi todo lo que oigo es música clásica.

PB: ¿Hay algún o algunos géneros que te disgusten y por qué?
JV: Sí, las cumbias, los corridos, la música estridente y esas en las que “el cantante” no canta nada y de repente la banda hace ruidos… Es demasiado. A veces trato de no ponerle atención, pero no puedo, si me desespera. O la música muy alto, la música popular muy alto (hace cara de desagrado) no la soporto.
Cuando yo era niño escuchaba de todo, mucho son cubano, mucha salsa, mucha música latina antigua, Agustín Lara. Cuando tenía quince años fue cuando yo solito comencé a escuchar música clásica, sentí que era un medio en el que yo podía aprender. Quizá a veces no tenemos la oportunidad de tener a los artistas que vemos que graban discos con las compañías más grandes, para mí era muy emocionante ir a la tienda de discos y abrir el disco y escucharlo, leer el librito que venía adentro. Fue una decisión propia, nadie me forzó.

Comentarios